No hice mas que caminar despacio por Damasco. Recorrer los mercados, comprar telas, descansar en la mezquita. Sin embargo, no me atrevo a contar las historias. Tengo miedo de que alguien identifique al protagonista por el color de los ojos, la ciudad de donde viene, donde trabaja, o donde nos conocimos. Cada línea me parece sospechosa, me siembra la duda, y me encuentro frente a la hoja en blanco una y otra vez. Mi propio nombre me parece un peligro. Ese miedo me paraliza.
Entonces pienso en los ojos. En los ojos que me vieron, y me contaron sus historias. Los ojos que miran con un destello de esperanza. Quisiera escribir una crónica, que como en el dibujo, solo mostrara los ojos. Los ojos de los pájaros.

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