Tengo la mochila preparada para otro viaje a Medio Oriente. Voy a pasar el mes de ramadam en Amman, Jordania. Me esperan un apartamento cerca de la universidad de Amman, que voy a compartir con una estudiante jordana, y un curso de lengua árabe. Miro la mochila, todavía tiene espacio. Dudo si llevar mi libro de siempre, «Viajes con Herodoto» de Kapuscinski. Lo descarto. Como no voy a tener internet durante el día, descargo todo el material que puedo en la notebook. Quiero viajar liviana.
Durante este mes, voy a intentar seguir el ramadam como hacen los musulmanes: abstención de beber y comer durante el día. Este año el ramadam es en agosto, el mes más caluroso en Medio Oriente. Lo voy a intentar. Es un desafío no solo físico. ¿Como entender una cultura si no se vive, no se siente y porque no, también se sufre?.
La Primavera Arabe parece haber dado paso a un verano calmo en Jordania, después de semanas de agitación en marzo y abril. La alarma se enciende por el posible crecimiento del movimiento salafista, aunque la guerra en Libia, la represión brutal en Siria y el rimbombante juicio a Mubarak lo dejan en segundo plano en las noticias.
Fronteras
Jordania limita al noreste con Irak y al oeste con Israel y los territorios ocupados Palestinos. Acoge en su territorio la mayor comunidad de refugiados palestinos, casi dos millones, y unos 500.000 refugiados iraquíes.
Al norte Siria, al sur, Arabia Saudita. Damasco está a dos horas de taxi, a Beirut se puede llegar en 4 ó 5, según el día. Las distancias no son el problema, sino los controles fronterizos.
De estos, del calor del desierto, de los campamentos de beduinos y de la situación de los refugiados, les contaré durante este agosto en Medio Oriente.
En el marco de otro proyecto, voy a seguir un diario de viaje en un nuevo blog, http://ramadam2011.wordpress.com que voy a activar en breve.

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