Es viernes a la noche en La Ronda, está fresco pero las mesas están llenas. Un grupo de ocho chicas conversa animada en una de las mesas de madera. Los chicos pasan y miran, las chicas pasan y miran. Es un grupo de mujeres normales, que se juntan un viernes a la noche a celebrar con sus amigas. Siete de ellas son lesbianas, y nos cuentan sus historias.
Un lugar en el mundo
“Como muchas otras personas, te deseamos toda la felicidad del mundo” le dijo el entonces candidato presidencial John McCain a Ellen DeGeneres. El senador se había pronunciado en contra de las bodas homosexuales, cuando, invitado al programa de DeGeneres, esta le anunció su próximo matrimonio con bella actriz Portia de Rossi, su pareja desde hace años. “Entonces, ¿me acompañará al altar? ¿Es eso lo que está diciendo?”, preguntó DeGeneres, entre risas. El senador contestó solamente “Touché”. La conductora Ellen DeGeneres y la actriz Portia de Rossi se casaron en 2008, cuando en el estado de California se eliminó la prohibición de celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo.En Argentina una ley similar acaba de aprobarse. En Uruguay, existen ciertos derechos para las parejas gays pero no el matrimonio entre personas del mismo sexo.
Historias de amor en Montevideo
Cuando cumplió 18 años Leticia se fue a Florianópolis con el grupo del liceo. Estaba de novia desde hacía dos años, era una de las chicas más populares de la clase, había salvado todos los exámenes y pensaba empezar facultad de química al año siguiente. “En Florianópolis todos los días eran de fiesta y baile, era un descontrol, todo el mundo salía con todo el mundo”. Pero a Leticia le pasó algo que nunca le había pasado: “Me di cuenta de que no me gustaba ningún chico del grupo, pero si me gustaba una chica. La buscaba para conversar, estaba pendiente de cuando llegaba al boliche… me pasaba el día atrás de ella. Cuando llegué a Montevideo, cuestionándome un montón de cosas, dejé a mi novio”. Al año siguiente, en facultad, conoció a una chica lesbiana. A partir de ahí, las historias se entretejen, las idas y venidas entre hombres y mujeres la acompañan hasta hoy. Diez años después Leticia canta, toca la guitarra, escribe, diseña. Vive sola, en su apartamento en la rambla de Pocitos. Usa vaqueros gastados, tiene un aro en la nariz y se pinta las uñas de rojo. “La sexualidad es una cosa que uno elige. Yo hoy elijo estar con mujeres”. Piensa un poco, prende un cigarrillo y después se rectifica: “No es que elija estar con mujeres exclusivamente, elijo un cierto tipo de persona, la que me completa, y ese tipo de persona lo encuentro más en mujeres que en hombres”.
Cuando cumplió 15 años Adriana ganó el concurso de Miss Primavera de la ciudad. Era la más linda, la más simpática y además era buena estudiante. Pero no tenía novio. No le gustaba ninguno de los chicos que conocía. “En mi adolescencia me acostumbré a mentir para que me dejaran en paz. – ¿Te gusta el chico nuevo? – Si, me gusta. Terminaba mintiendo, harta de tener que contestar preguntas sobre que chico me gustaba. ¡Ninguno me gustaba, me gustaban sus novias!”. Pero esto no era una cosa que se pudiera decir en Melo, una ciudad del interior del país, tradicionalista y donde todos conocen a todos. ”En mi adolescencia no tuve nunca una relación de noviazgo. Tuve muchas amigas, y una amiga en especial, con la que mantuvimos una relación muy especial también. Nunca hablamos del tema, simplemente pasábamos horas juntas, escuchando música, conversando, salíamos a pasear. Las dos sabíamos lo que nos pasaba, pero jamás lo hablábamos. A veces estábamos juntas, pero al día siguiente no nos mirábamos a los ojos y tal vez no nos hablábamos por dos días. Sentíamos muchísima culpa.” Adriana es morocha, atractiva, de sonrisa amplia. El mozo del bar se desvive en atenciones ella. A cada momento vuelve con una excusa a preguntar si nos hace falta algo. Los chicos de la mesa del costado se giran para mirarla y ella se divierte. Tiene una vida normal, unos amigos de toda la vida, trabaja en una oficina. Ahora, con 33 años, se ríe al recordar los días que vivió con tanto sufrimiento. “Pasé toda mi adolescencia sin hablar con nadie, nunca hice terapia, nada. Sola hice el proceso y sola me asumí como lesbiana. Siempre fui así, soy feliz como soy. No es una cuestión de elegir, no pude elegir. ¡Ojalá hubiera podido! No creo que uno se complique la vida porque tiene ganas, si pudiera elegir mi condición no elegiría complicarme la vida.”
Victoria vivió su adolescencia en la época de la dictadura, y las cosas fueron bastante más complicadas para ella.“Yo viví mi adolescencia en dictadura lo que hace una diferencia también. No es lo mismo ser “torta” en dictadura militar que en democracia.” Victoria vive desde hace seis años en Los Angeles, a donde llegó siguiendo un amor que venía de Mexico. “Por chat conocí a una mexicana que vivía en Los Angeles casada con una argentino. Nos enamoramos, a los tres meses de conocernos se vino a Montevideo a conocerme. Vivimos felices en el barrio Palermo tres meses, decidí que yo me iría de Uruguay porque ella no aguantaría la vida de Montevideo. A los tres meses tome el avión de Pluna rumbo a México”
El Closet
Adriana cuenta que cuando dejó su ciudad natal para venir a Montevideo todo cambió. “Me liberé. Un amigo me invitó me invitó una vez a ir a Espejismo, un boliche gay, con la excusa de que pasaban buena música. Fuimos sin decir que íbamos porque éramos gay. Apenas entramos, cada uno hizo la suya y no tuvimos que decirnos nada más. El ambiente en los boliches gay no me gusta. Era muy fuerte para mi vera dos hombres que podrían ser mi padre, besándose sin ningún pudor en la pista, o que una mujer me cargara descaradamente.” Sin embargo, era el único ambiente donde relacionarse con otras lesbianas. “Seguí frecuentando boliches gay, conocí gente de la noche y del ambiente gay, hasta que finalmente me animé a tener una relación con otra mujer.”
“Bastante tiempo después conocí a mi primera novia. Ella estaba cantando en un bar y yo quedé fascinada al verla. Estaba con su novio, y nunca había tenido una relación con otra mujer. Al poco tiempo de estar juntas nos fuimos a vivir a mi apartamento. Descubrimos juntas lo que era tener una relación, lo que era un noviazgo.” Fue con su primera relación seria que Adriana tuvo que enfrentar a sus padres y a sus amigos.
A la primera que le contó fue a su hermana. “Ella se sintió feliz de que confiara en ella, y desde entonces somos muy compinches. Mi madre, cuando le dije, me respondió: – Era una de las posibilidades que había manejado. Pensaba que tal vez te habían violado de niña, que te había pasado algo traumático en la infancia. ¡Nada que ver! Siempre supe lo que era, desde niña. Tengo mis primeros recuerdos de niña, muy chiquita, mirando otras niñas con admiración. Mi madre siempre notó eso también. Tuve una infancia normal. Somos dos hermanas, yo soy la mayor. Mi familia siempre estuvo unida, mis padres están casados hasta hoy, siguen viviendo en el interior. Hacían todo por mi, todo era tan perfecto, que me sentía mal por ser distinta, sufría muchísimo la culpa”. Cuando decidió hablar, fue cuando sintió que realmente era libre. “Me di cuenta de que los prejuicios los tenía yo, de que el sufrimiento lo tenía yo, los demás me aceptaban como era, que me querían como soy”. “ Mi novia iba conmigo siempre a casa de mis padres, era como una hija más para ellos. Con mi padre nunca lo hablé directamente, pero lo sumió de hecho y siempre me manda saludos para » mis amigas».
Leticia, en cambio, vivió con más naturalidad su homosexualidad o su bisexualidad en su círculo de amistades que en su familia. Su padre lo aceptó, pero su madre se negó a hacerlo. Durante mucho tiempo fue causa de conflictos familiares y estuvieron sin hablarse por seis meses. “Cuando se casó mi hermana, para mantener las apariencias, llevé a un novio que me inventé. Me pareció que si me presentaba con un hombre las relaciones iban a mejorar.” La farsa duró poco, y el enojo de su madre también. Después de divorciarse de su padre, la actitud de su madre cambió, y a ahora tienen una relación estupenda. La doble vida, para mantener las apariencias, es muchísimo más frecuente de lo que se cree. “Muchas mujeres, señoras de su casa, con hijos, van a boliches gay y salen con chicas. Mantienen su esposo, su casa, por cuestiones laborales o sociales, pero son muy infelices.” Carmen, una ingeniera amiga de Leticia, para todos sus amigos, en su trabajo, en su casa, es una persona heterosexual. Sale con amigas los fines de semana, conocen chicos, tiene citas, todo para mantener las apariencias. Pero mantiene en secreto sus relaciones lésbicas con otras mujeres, tan secretamente que jamás lo admitiría frente a nadie. La única que conoce el secreto es su mejor amiga: “No se si le miente a la familia o se mienta a ella, pero la vida que lleva está muy lejos de ser feliz.”
Primera Parte


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