Barricadas de piedras y montañas de arena impiden el paso de vehículos en la carretera que conduce a Lauca Ñ, dónde está “la base” del expresidente boliviano Evo Morales. A unos 500 metros del corte de la ruta, una caseta de palos y paja hace de peaje y primer control.
En la calle, del otro lado de la caseta, hay largas hileras de carpas, bajo las que yacen decenas de personas, todavía somnolientas, algunas acostadas sobre colchonetas o medio sentadas sobre tablas de madera. Bultos y mantas se esparcen por todas partes. Alguien reparte comida, los que llegan se abrazan con los que están de salida, otros hacen fila para el transporte. En medio del caos han improvisado un pequeño mercado. No veo rastro alguno de un ejército de combatientes.
Los principales candidatos han dicho que de ganar, detendrán a Evo Morales, y que nadie está por encima de la ley. Los campesinos no portan armas, o al menos no las muestran. Protegerán a su líder con sus vidas. Evitar una masacre y sobre todo la conmoción social generalizada es lo que ha priorizado el gobierno actual, por encima de la detención del expresidente.
La vigilia empezó en octubre, cuando Evo acorralado por la Justicia se refugió en su tierra, donde ha evitado ser detenido. La policía no entra aquí ni a ningún poblado cercano.


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