Con la cabeza descubierta y su pañuelo transformado en bandera, las mujeres iraníes desafían la ley que desde 1979 les impone el uso del velo. Ya hay decenas de ellas detenidas por luchar por que su uso o no sea decisión de cada mujer, no del Estado.

“Cautela” es la palabra que mejor describiría mi actitud al llegar a Irán por primera vez. “Un pasito más”, fue lo que me dijo el botones del hotel. Un pasito más, que entramos todos. El hotel, un coqueto cuatro estrellas en Teherán, que no se distinguía por su decoración de cualquier otro en Milán o Buenos Aires, albergaba un congreso religioso internacional. El ascensor, aunque amplio, estaba ya repleto de clérigos con turbante, barba blanca y gesto recio. Al botones tal cosa no lo intimidaba como a mí, de modo que insistió: “Un pasito má… Ver nota completa en Semanario Brecha

Deja un comentario