Refugiados pisando Europa: «la mayoría no sabe lo que les espera»
En Lesbos, Grecia, la periodista uruguaya María Eugenia Rodríguez Cattaneo vivió varios días entre refugiados y voluntarios para conocer lo que ocurre en el «punto caliente» de ingreso a Europa. En entrevista con Ecos.la narra situaciones de alegría y de dolor. También es crítica por el poco esfuerzo regional para entender el mayor movimiento migratorio desde la Segunda Guerra Mundial.
¿Cómo nace la idea de ir a un campo de refugiados en Grecia?
Hace 10 años que recorro campo de refugiados por diferentes conflictos. Conocí el de refugiados del Sahara Occidental que queda en Argelia. Estuve en Libia y también en campos de refugiados de sirios en Jordania. El tema me interesa y este año decidí ir a Lesbos, en Grecia, donde estaba llegando la mayor parte de refugiados.
Lesbos es el punto más cercano a la costa de Turquía. Hay una parte que está a unos 14 kilómetros. Hay gente que llega a otras islas de Grecia, pero en Lesbos se recibe a la mayor parte.
¿Por qué se utiliza esa ruta para acceder a Europa?
En Turquía está cerrada la frontera por tierra, por lo que por el momento ese es el pasaje más fácil. Eso para tener una idea de lo que son los demás…
¿Se agravó le fenómeno migratorio que comenzó el año pasado?
El número de refugiados mermó durante el invierno. Siempre pasa eso por el clima y porque no puede cruzar el mar porque está muy agitado. Pero cuando vuelva el verano el número seguramente va a aumentar.
Cuando yo estuve, estaban cruzando unas dos mil personas por día, incluso en las noches malas. Los voluntarios que están en Lesbos, en las noches donde las condiciones empeoran, mandan mensajes por redes sociales pidiendo por favor que no crucen.
Acá lo que aparece es el otro gran problema, que es el de los traficantes. Les hacen creer a los refugiados que ellos se van a ocupar de todo durante el viaje.
¿La única forma es cruzan con los traficantes?
En condiciones normales, se trata de un viaje de unos 40 minutos por un costo de 10 euros. La realidad es que con los traficantes los viajes demandan horas y cuesta unos mil euros por persona. Con tiempo malo, a veces bajan el precio para animarlos a cruzar o a veces el viaje se hace obligado a punta de pistola.
¿Las autoridades de Grecia o la UE no controlan eso?
La OTAN anunció que pondrá patrullas para controlar a los traficantes. Grecia pidió ayuda a la Unión Europea y después aparece la OTAN. Pero lo cierto es que la gente está desesperada y cruza igual. Las autoridades griegas además intentan que los refugiados no crucen y otro problema es que los voluntarios pueden ser penalizados de acuerdo a como se comporten. Todo esto lo que provoca es que los propios refugiados quedan más vulnerables.
Hubo dos casos que yo conocí allí que demuestran la complejo del asunto. Desde Lesbos los voluntarios vieron por binoculares a un barco grande, con unas 200 personas, que se acercaba, pero antes de entrar en aguas griegas dio la vuelta y terminó volviendo a Turquía. El problema fue que otro barco de traficantes lo abordo y asalto a los pasajeros. En el otro caso, se vio a un barco más pequeño que estaba a la deriva hacía dos horas. Los voluntarios se decidieron a ir a remolcarlos, aun a riesgo de violar la ley. Finalmente la marina griega aceptó ir ayudar a remolcar. Al llegar vieron que en el barco un bebe que viajaba con su madre murió de frío. Todo por la demora en resolver si asistir o no al barco.
Para los voluntarios fue como si se les muriera el bebe en sus manos. Ellos sospechaban que eso podía pasar y por la legislación no pudieron hacer nada.
¿La respuesta social es mucho más fuerte que la institucional?
La respuesta de la UE está siendo muy criticada. Los países se comprometieron en setiembre a recibir a 170 mil refugiados y no lo hicieron. Ante esa ineficiencia de las autoridades, la gente está actuando.
Es cierto que hay organizaciones como ACNUR que están en el terreno asistiendo, además de otras ONG’s. Pero los que están todos los días buscando a la gente en la costa y asistiéndolos son los voluntarios. Incluso a la población de Lesbos la postularon para el Nobel de la Paz por lo que están haciendo*
Uno ve a esta gente que va y ayuda con lo que haga falta: abrigos, gorros, alimento. No son expertos, pero están allí en tierra recibiendo a la gente que llega.
Cuando llegan los barcos están los voluntarios y está el personal de ONG especializado, como bomberos, rescatistas. Hay gente que está todo el día en la costa oeste con binoculares chequeando si vienen barcos. Y allí se activan los llamados. Por WhatsApp por ejemplo hay grupos en donde hay miembros de ONU, Médicos sin Fronteras, etc. Allí se avisa “barco llegando a…” y se dan las coordenadas.
Cuando ven un barco llegar si es de noche, se hacen fogatas para que los barcos vean y vayan hasta allí y no a las zonas de rocas. El problema es que a veces quienes guían los barcos no saben y no pueden cambiar el rumbo. Cuando llegan a la orilla hay que ir a buscarlos rápido y acercarlos a la arena para evitar que la gente se moje. No es que inmediatamente vayan al campo a darse un baño caliente. Si un niño se moja en esas condiciones es difícil evitar que sufra de hipotermia. También hay que evitar que se bajen por los costados, porque hay embarcaciones que se dan vuelta y las personas pueden quedar atrapadas.
Con los más pequeños pasa que empieza una cadena de gente a sacarlos y por más que seas periodista, si estás ahí, ayudas. Si te dan a un bebe ¿cómo no vas a ayudar? Todo el mundo hace de todo, porque la realidad te lleva a hacerlo. Otro día terminé en el campo de Moria, donde había un grupo de dos mil personas, ayudando a repartir comida. Al otro día cuando fui uno de los encargados me vio y dijo “a buena hora llegaste”… Ni sabia que yo era periodista. Pero ahí te ponen en la fila para seguir repartiendo lo que se necesite.
En la zona los hoteles están llenos, porque hay muchos europeos que se toman unos días para ir hasta allí para colaborar. Gente que llega en camionetas con ropa o mantas, café. Cuando llegan veinte barcos en una noche hay que repartir los recursos. Lo mismo pasa con el abrigo que uno lleva. Mis guantes se los di a otra persona, los gorros, la bufanda. Si te ven sin esas prendas es evidente que te estás muriendo de frío y te ofrecen algo, sea refugiado o voluntario. Entonces va circulando todo. Se desdibuja la línea de “yo te estoy ayudando”. Somos todos iguales.
¿Qué temperatura había en las noches?
Cuando yo llegue eran temperaturas de menos dos grados bajo cero, pero la sensación térmica era mucho peor. Si estás sin gorro sentís como agujetas en la cabeza. Imagínate si llevas horas mojado en ese mar helado. Veías gente con hipotermia, niños que ni protestaban porque estaban en estado de shock.
Esa gente que llega en esas condiciones apenas hizo la mitad del camino. La mayoría van para Alemania…
Ellos quieren ir a Alemania o a Noruega y la mayoría no sabe lo que les espera. Algunos tienen información, pero la mayoría no. Además está el terror que la policía los agarre. Uno de las funciones importantes de la ONU es dejar claro que no hay nada que pagar, ni hay que temer a la policía.
Muchos allí en Lesbos terminábamos agarrándole las manos a la gente y diciéndoles “no te preocupes, estas a salvo”. Hay gente que al llegar no para de llorar. Hay que entender también que ven a un montón de gente con distintos logos, uniformes de diferentes colores y no saben quién los está ayudando
Hay gente que llega y te mira a los ojos y te dice “gracias”. Por una manta o por una taza de té. Vos ves que hay personas que tratan de divertir a los niños, de consolar a otros. Porque llegan desesperados.
Un chico sirio me contó que el barco se dio vuelta, sintió el golpe de su espalda contra las rocas y que no había salida… Hasta sentir un brazo que lo tiraba hacia afuera. Vio que el que lo sacaba lloraba. Lloraba el rescatista porque temió en poder sacarlo.
¿La mayoría de los refugiados son sirios?
El encargado de prensa de Acnur informo que el 80% son sirios, 10% entre iraquíes y afganos y el resto de otras nacionalidades, que no tendrían derecho al asilo.
Ellos te cuentan que directamente ya no pueden vivir en su país. Yo hablé con un profesor universitario que me dijo “¿Alepo? No existe más. Siria no existe más”. Relató que demoró dos semanas en salir.
Había gente que venía de la guerra. Un padre con herida en la pierna, al hijo le faltaba un ojo… hay gente que llega en muy malas condiciones, porque estuvo en el conflicto o incluso por los viaje. Recuerdo el caso de una mujer llegó con la pierna engangrenada.
¿Cómo es el funcionamiento de los campos?
Son transitorios. Llegan primero al de Moria, el más grande Lesbos, en donde se registran. Están tres o cuatro días hasta tomarse un ferry hacia Atenas. Hay por ejemplo gente que llega de otros países de África, que trata de hacerse pasar por sirios para lograr estatus de refugiados. Por ejemplo recuerdo a un egipcio que quiso hacerlo, pero uno de los traductores se dio cuenta. En esos casos –gente de países que no tienen estatus de refugiado- quedan en un limbo. Algunos pasan pero pueden quedar en la frontera con Macedonia o en otra. A otros los devuelven.
Cuando se habla de refugiados está muy presente la imagen del niño sirio Aylan, muerto en una playa. ¿Cuántos casos hay y que no se hacen públicos? ¿Cómo lo viste desde el lugar de los propios refugiados?
Yo no sé cuanta gente vio un niño muerto. Yo nunca vi un niño muerto. ¿Cuánta gente vivió una tormenta en el mar? No una ola como vemos aquí… una ola que es como un muro negro que parece que te va a tragar… Esas cosas no las podemos trasmitir. Allí recuerdo la situación de un bebe atendido por la Cruz Roja, la llegada de la ambulancia. Estaba todo el mundo pendiente de esa vida. Todos se movilizaron, todos preocupados.
A nosotros nos llega la foto, la de Aylan, pero para los que están ahí es una tragedia… Hay una foto que vi de un rescatista arrodillado junto al cuerpo de una niña, tapada por una manta. El tipo estaba vencido, aunque no fuera su culpa.
En lo que va del año murieron unas 400 personas. Para los que están allí es tremendo. Hubo una señora de la isla que me dijo “yo no me baño más en el Egeo”… es que hasta allí llegaron cuerpos de niños. Es una tragedia. Todos los días están muriendo personas
En países de Sudamérica que recibió a desplazados por el conflicto de Siria, el tema no estuvo ajeno a la polémica. ¿Cómo sintetizas lo que vos viviste allí con las discusiones de acá?
No sabemos de lo que estamos hablando. Hay niños que nacieron en la guerra, que no tienen país, que lo único que conocen es la guerra. Es un problema. Tenés que preocuparte por ellos, tenés que ayudarlos, tenes que ceder algo. ¿Cuánto le cuesta al bolsillo de cada uruguayo mantener a los que vinieron acá?…
Ahora están en las puertas de Europa, pero desde hace dos años hay miles de refugiados en Turquía, Jordania, Líbano. Son países que ya no pueden atender esto.
Que la opinión pública de Uruguay no tenga idea de esto primero es responsabilidad de cada uno. Los medios de comunicación también tienen responsabilidad. ¿Por qué los medios no mandan un corresponsal a informar sobre la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial? Es necesario para entender lo que está pasando.
*Un grupo de académicos de las universidades de Oxford, Princeton, Harvard, Cornell y la universidad de Copenhague propusieron para el premio Nobel de la Paz a los habitantes de las islas griegas de Lesbos, Kos, Chios, Samos, Rodas y Leros por su papel en la llegada de refugiados cruzando el Mar Egeo. The Guardian, 24 de enero de 2016.






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