PERIODISTAS POR EL MUNDO. La historia de Eugenia es singular: quería ver mundo, y trabajar como corresponsal, pero no tenía dinero ni un medio detrás que la mantuviera, así que dejó atrás su Uruguay natal para enrolarse en la tripulación de un barco. Catar, Cannes, Túnez o Tel Aviv han sido algunos de los lugares desde los que ha tenido la oportunidad de contar su visión de la realidad. Su próxima parada, el Norte de África. Su sueño: Irán.
Tu historia sí que es digna de una Periodista por el Mundo…
Si uno nace en un pueblo de la zona rural de Uruguay y quiere ver lo que pasa en el mundo, hay que inventar un poco. Desde preparar todos los exámenes juntos para tener días libres, hasta limpiar barcos para poder viajar. Claro que fue una enorme casualidad y una suerte que el barco perteneciera al Rey y que justamente se fuera al Golfo, el lugar al que quería ir. Fue un período interesante, lo volvería a hacer mil veces, pero navegando uno no se convierte en periodista, se convierte en marinero.
Entrevista completa en Periodistas Por el Mundo
El freelance también tiene mucho de comercial. ¿Hay que valer para vender una noticia?
Hay que valer, hay que tener suerte, hay que hacer un buen trabajo, serio y responsable. Tal vez también hay que hacer mas cosas… ¡no lo se!
¿Qué es lo más duro de la vida de un freelance?
Sobrevivir. Para poder viajar a los lugares a donde me interesa ir, ¡tengo que hacer muchas otras cosas además de un buen reportaje! Para cubrir los costos de los viajes uno hace de todo: busco becas que me permitan financiar la estadía en el país, o busco un trabajo que me permita pasar un tiempo allí, como cuando me fui de marinera y terminé en el Golfo Pérsico. ¡Hay que ser creativo! También es difícil el tema de la seguridad. Al ser freelance yo misma organizo y cubro todos los costos del viaje. A veces tengo que elegir entre un lugar barato o uno más seguro. A pesar de esto, nunca me sentí en peligro.
De tus múltiples viajes, ¿con qué experiencia te quedas?
El revés de lo que te decía arriba: viajo sola y sin el respaldo de un medio. A cambio, he recibido unos gestos de cariño de personas que no conocía – y que tal vez no vuelva a ver en mi vida – que no voy a olvidar nunca. Desde Willy, que me esperó en el aeropuerto de Tel Aviv con un papel escrito que decía “Eugenia” – gracias Willy, si lees esto – hasta Aymen, que viajó conmigo en un ómnibus toda la noche para acompañarme desde Túnez hasta la frontera con Libia – gracias Aymen, si lees esto – en marzo pasado. ¿Por qué la persona que se sienta al lado en el avión rumbo a Argelia, me invita a su casa y hace de guía durante el viaje? No tengo una explicación para eso… pero son cosas maravillosas.
¿En qué lugar has tenido más problemas para ejercer tu labor?
En ningún lugar he tenido problemas. Mi labor es más de escuchar historias, a veces no saco ni la cámara de fotos. Al contrario, normalmente la gente empieza a contarme sus historias espontáneamente, sin saber que soy periodista. Recuerdo a Ala, un iraquí que conocí fumando shisha en Doha. Hablábamos de cualquier cosa, hasta que un día, discretamente, me comentó: ¿Te interesa saber lo que pasó en Irak? ¿Por qué no nos tomamos un café en Starbucks, que es más discreto? Estuvo contándome historias durante más de cuatro horas.
Tienes un blog, y eres usuaria activa de Twitter. ¿Cómo crees que han afectado los medios sociales al ejercicio del periodismo?
Los medios tradicionales se me presentaban como un altísimo muro impenetrable. Por poner un ejemplo: mandé decenas de correos electrónicos diciendo “Estoy en el Festival de Cannes, ¿les interesa recibir notas?”, y nunca recibí una respuesta. Ahora, con Twitter, habría escrito: “Estoy en el #Festivaldecannes me acabo de colar en una fiesta donde está #GaelGarciaBernal”. No sé si se vendería la nota, ¡pero hubiera difundido mucho más el viaje!
Por otro lado, uso Twitter como medio de información: sigo a personas en las que realmente confío y abro prácticamente un link de cada diario del mundo sólo con Twitter. De la misma forma, dejo de seguir inmediatamente a los que no me convencen. Difundo mis artículos y también promociono los lugares a los que voy a través de las redes, y también recibo prácticamente todos los contactos desde allí.
Otro ejemplo: cuando viajé a Túnez en marzo, los contactos fueron por Twitter y Facebook… y mis notas terminaron saliendo en medios tradicionales, prensa y radio. En definitiva: es un modo de llegar, de romper el muro.
Paradojas de la vida: en mi casa, no tengo ni Internet, televisión, ni radio (por no tener, esta mañana incluso no tenía agua caliente). A cambio, tengo que terminar de leer un volumen sobre la relación histórica de Italia con Libia, La historia del Vecino y el Medio Oriente, etc. Creo que la información instantánea tiene que tener detrás un respaldo muy sólido para que sirva de algo.
¿Cuál va a ser tu próxima aventura?
Estoy organizando el próximo viaje al norte de África: A donde vaya exactamente dependerá de cosas tan sencillas como que me concedan la visa de periodista, y lo costoso del viaje. Después, me gustaría hacer un viaje un poco más largo a Irán: he aplicado para cursos de todo tipo en Teherán, desde colaboraciones con organizaciones humanitarias hasta embajadas. Espero que alguno se concrete y pueda pasar allí un tiempo… ¡creo que es el país al que mas he intentado viajar y no lo he conseguido!


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