Sahara Occidental: La espera en el desierto

   

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Entre 150 mil y 200 mil saharauis despojados de sus tierras, ocupadas por Marruecos, viven en campamentos en pleno desierto de Argelia.

Hasta 1975 el Sahara Occidental fue colonia española. Bajo presión de Naciones Unidas para su descolonización, España anuncia la realización de un referéndum de autodeterminación. Antes de que se realizara, el Rey Hassan II de Marruecos organiza la  “marcha verde”, un movimiento popular en el que  350 mil personas apoyadas por el ejército literalmente invade el Sahara Occidental.

Ese mismo año, España pacta la entrega del territorio a Marruecos y Mauritania a través de los acuerdos de Madrid. Perseguidos brutalmente, los saharauis huyen al desierto y declaran la República Arabe Saharaui Democrática en el exilio.  Enfrentados en una guerra hasta 1991, decretan el alto el fuego bajo el  compromiso de Naciones Unidas instala la MINURSO, la misión para llevar a cabo el referéndum.  En los años 80 Marruecos comienza la construcción de un muro de contención, que en varias etapas alcanza los 2.700 kilómetros, y divide el territorio de norte a sur. El “Muro de la Vergüenza” es custodiado por mas de 100 mil soldados y a lo largo de toda su extensión está sembrado de minas antipersona.

El referéndum no se ha llevado nunca  a cabo, mientras los saharauis viven bajo dominación marroquí, o en los campamentos de refugiados. Mientras, Marruecos ocupa y explota las riquezas del territorio: una de las mayores reservas pesqueras del mundo en sus costas, las riquísimas minas de fosfato de Bucraa y explora en busca de posibles yacimientos de gas y petróleo.

Marruecos rechaza el principio de autodeterminación y la celebración de un referéndum para aplicarlo, pese a que ambos están consagrados por Naciones Unidas. La posibilidad que ofrece, autonomía bajo soberanía marroquí, es rechazada por el Polisario. Mientras las posibilidades de un cambio en el corto plazo son casi inexistentes,  mantener el status quo es caldo de cultivo para la violencia. Las posiciones sobre que hacer en el futuro no son unánimes, y no son pocos los que se pronuncian a favor de volver a las armas.

La espera en el desierto

La hammada es una meseta árida, pedregosa, casi sin arena. Bachir, un ex combatiente de la guerra del Sahara graduado en economía en la unión Soviética en los años 80 y periodista,  explica que hammada en árabe quiere decir “mucho de algo terrible”. “En la hammada,  cuando sopla el viento, sopla mucho, cuando hace frío, hace mucho, cuando hace calor, es el infierno”.  En Tindurf, la hammada argelina, una de las más inhóspitas del planeta, se instalaron los campamentos de refugiados saharauis.  “A nadie se le pasó por la cabeza que nos quedaríamos aquí 35 años.  Si me lo hubieran dicho, no lo hubiera creído”.

La hammada de Tindurf esta al oeste del desierto de Argelia, a pocos kilómetros de la frontera con Marruecos y lo que seria la República Arabe Saharaui Democrática. El ejército argelino  controla a los ingresos a los campamentos. Superado el control militar, a pesar de ser territorio argelino, la zona queda a cargo del Polisario. Se calcula que entre 150 y 200 mil refugiados viven aquí,  pero no hay un censo oficial que confirme la cifra.

Los campamentos o “wilayas” originales son cuatro, distantes entre si entre 20 y 160 kilómetros.  Cada “wilaya”  tiene el nombre de una ciudad saharaui en la zona ocupada: El Aaiun, Smara, Auserd y Dajla. Existen además otros centros, como Rabuni, que es la capital administrativa, y  “27 de Febrero”, donde hay una escuela. Cada  campamento se organiza en “darias” o barrios. Cada “daria” tiene una estructura para la distribución de alimentos, energía y las necesidades básicas de la población.  Cada familia dispone de una “jaima”, la carpa de lona tradicional, más algunas habitaciones de adobe, una caja de agua y a veces, un panel solar.

Poco a poco los campamentos se fueron transformando en semi-ciudades en medio del desierto, con servicios mínimos como escuelas y hospitales. En Rabuni, donde funcionan oficinas del gobierno, hay electricidad. Allí funcionan los ministerios, un destacamento del ejército, el canal de televisión, la radio, y un centro cultural. Todo, absolutamente todo, desde el acceso a la educación, la salud, los alimentos y cualquier otra necesidad básica, depende de la cooperación internacional.

La vida en los campamentos de refugiados. “No crecen plantas, pero crecen personas”

Lamin nació en el campamento “27 de febrero” hace 24 años. Habla español con acento andaluz. Lo aprendió en Sevilla, con el programa Vacaciones en Paz. También habla inglés y francés. Es ingeniero agroalimentario, graduado en la Universidad de Argel.  En su casa viven sus padres y sus seis hermanos. Casi todos hablan español y francés, además de árabe y hasanía, la lengua saharaui.

Después de terminar la carrera, habiendo viajado y pudiendo tal vez trabajar en el exterior, Lamin decidió volver a los campamentos de refugiados, aunque allí la desocupación es casi total.  Lamin trabaja en las oficinas del Polisario en Rabuni. Hace de todo. Ayuda en las tareas administrativas, en los trabajos prácticos y en las discusiones sobre el futuro en los territorios liberados. Cuando vuelva al Sahara piensa poner una fábrica de productos lácteos, porque dice, la leche de camella tiene muchas posibilidades en el mercado.

Como Lamin, son muchos los saharauis que estudian en la universidad en el extranjero. A través de múltiples acuerdos los refugiados acceden a la universidad en Argelia, en Cuba, España y algunos otros países europeos. Los habitantes de los territorios ocupados estudian en universidades marroquíes.

Desde pequeños los niños están habituados a viajar. En el programa “Vacaciones en Paz” que se lleva adelante desde hace más de 15 años, niños saharauis viajan a pasar las vacaciones de verano con familias de acogida en Europa. Muchos niños vuelven cada verano a la misma familia, y muchas de estas familias viajan a visitar a los niños en el Sahara. La relación que se establece es importante, porque las familias de acogida brindan también apoyo económico.

En los campamentos la actividad productiva es prácticamente inexistente. Algunas huertas, una granja apícola,  comercio de artesanías, y la cría de cabras y camellos son la única actividad económica.  Los campamentos subsisten casi exclusivamente en base a la cooperación internacional. Según el último informe de Naciones Unidas, de abril 2010, las  colaboraciones vienen de “ACNUR y el Programa Mundial de Alimentos (PMA),  la Organización Mundial de la Salud, la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo y diversas organizaciones no gubernamentales locales e internacionales. A falta de un registro, el programa de asistencia del ACNUR va dirigido a las 90.000 personas más vulnerables de la población de refugiados”. Se estima que los refugiados son 165 .000.

El tema de los documentos de identidad es otro de los grandes problemas que tienen los saharauis. Lamin tiene documento de identidad y pasaporte de la Republica Arabe Saharaui Democrática (RASD), pero a los países donde la  RASD no es reconocida no puede entrar. Para poder viajar, muchos obtienen el pasaporte argelino. Los saharauis que viven en Marruecos tienen documento marroquí, aunque en su pasaporte se especifica “SH”, saharaui. También son muchos los que han obtenido la ciudadanía española, a través de sus padres, que fueron ciudadanos españoles, o de los años que han pasado trabajando en España. Su identidad no se confunde jamás. Lamin dice que hay “Hay saharauis con pasaporte argelino, marroquí o español, pero son siempre saharauis”.

El futuro posible. Los territorios liberados.

Según Abdula Bujari, coordinador de las ONG que apoyan al Sahara Occidental, las esperanzas a corto plazo están puestas en la ocupación de los territorios liberados. Este territorio, comprendido entre el muro y la frontera con Mauritania, están bajo control del Polisario. Menos árido que la hammada argelina, tiene zonas cultivables y útiles para la cría de camellos y cabras.

La repoblación de la zona debe hacerse con cautela.  La zona cercana al muro, está sembrada con millones de minas antipersona, y el proceso de limpieza es extremadamente caro y lento. Además, Marruecos no reconoce la independencia de los territorios liberados, y no existe la certeza de que allí estarán a salvo de ataques por parte del ejército.

De momento el territorio es habitado solamente por los militares y los nómades.  Las obras de infraestructura se llevan a delante de forma lenta, dificultosa, a través de distintos proyectos de cooperación. Un  hospital, una escuelas, complejos de viviendas y búsqueda de agua están en marcha.

A su vez, de trasladarse de forma masiva a los territorios liberados perderían el status de refugiados, y por lo tanto, el apoyo internacional que es imprescindible mientras no se establezca un sistema económico sustentable. La transferencia debe ser gradual.

Aún así, la presión sobre todo de los jóvenes para trasladarse a los territorios es grande. Poder construir, sembrar, en una tierra que sea propia, es para muchos, la única ilusión.

Fragmento. Articulo Publicado en Semanario Brecha, Uruguay, 11 de febrero de 2011

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